Los restos de la Humanidad – Cenáculo y la Arqueología

Una parte importante de la colección de escultura y de epígrafes del Museo de Évora fue reunida en la segunda mitad del siglo XVIII por Fray Manuel do Cenáculo, arzobispo de la ciudad entre 1802 y 1814, fecha de su muerte.  

Cenáculo nació en 1724, en Lisboa, en el seno de una familia humilde. Optó tempranamente por la religión, tal vez por la modesta situación familiar. A los 12 años entró en el moderno curso de Filosofía del Padre Baptista Carbone, en
la Congregación del Oratorio, en Lisboa. A los 15 años pasa a formar parte de los Franciscanos de
la Orden Tercera de
la Penitencia, marchando a Coimbra en 1740, donde recibiría lecciones de Fray Joaquim de San José, a quien siempre consideró su gran maestro y amigo.  

La formación de Cenáculo y su intensa curiosidad por el conocimiento disfrutaron de ese momento de efervescencia en la educación portuguesa, anquilosada por siglos de escolástica, que alcanzaría su auge en 1746 con la publicación del Verdadeiro Método de Estudar, de Luis António Verney. El interés de Cenáculo por la investigación histórica y por el coleccionismo también disfrutó de un momento privilegiado en Portugal durante el reinado de D. João V, con el propio ejemplo regio, la formación de
la Real Academia de
la Historia y el decreto de 1721, que definió por primera vez un concepto de patrimonio histórico y resaltó el valor de los monumentos y del patrimonio material en el estudio del pasado. En este sentido, tal vez no sea exagerado entender ese periodo como un momento esencial en la formación del franciscano, como también lo fue el viaje que hizo a Roma en 1750 acompañado de su maestro.  Del relato que Cenáculo deja de ese viaje resalta el impacto causado por
la Biblioteca Real de Madrid y por
la Universidad de Alcalá, en España, por
la  Universidad de Turín y por el Instituto Specula de Bolonia, con sede en el Palazzo Poggi, el cual también le marcó vivamente, no sólo por el avance científico en el estudio de la astronomía y de las matemáticas, sino también por la organización espacial de las salas, abiertas hacia el claustro y divididas por áreas de saber, agrupando, cada una de ellas, modelos, objetos y colecciones de su tema de estudio, sin olvidar la biblioteca. Cenáculo visitó también Barcelona, Milán y Roma, afirmando en su Diario no tener palabras para hacer una descripción y elogiando la arquitectura de Italia. Pero fue el modelo de Bolonia, que unía objetos y Biblioteca, el que se tornaría decisivo en la acción de Cenáculo y el que le marcaría como coleccionista.  

Aunque no se sabe exactamente en qué momento Cenáculo comenzó a coleccionar, se sabe a ciencia cierta que ya en sus años en Lisboa, (a donde regresó en 1757 y fue nombrado Cronista de
la Provincia Franciscana, tras los años pasados en Coimbra como lector de Teología en el Colegio de S. Pedro), llegó a poseer una considerable colección y un gusto por la compilación de informaciones de carácter arqueológico. Fray Francisco Sanches Sobrino hace referencia a su colección lisboeta, que incluía una serie de inscripciones y un importantísimo monetario catalogado (Hubner, 1871, p.6). El coleccionismo de numismas fue su primera pasión, pero ya entonces tenía otras preocupaciones. Entre sus dibujos figuran plantas del Teatro Romano de Lisboa que el terremoto de 1755 había puesto al descubierto, así como también de las termas romanas de la calle de
la Plata, dadas a conocer durante la construcción de la Baixa Pombalina levantada por Joaquim Ferreira em 1773.  

Sin embargo, fue en Beja que Cenáculo tuvo tiempo, condiciones y territorio para dedicarse en cuerpo y alma a sus colecciones y, sobre todo, a las tareas arqueológicas. Cenáculo, obispo de una diócesis interrumpida desde el periodo visigodo y en el auge de su carrera (en 1770, Consejero del Rey y Diputado de
la Real Mesa Censoria, en ese mismo año se preparaba para aceptar
la Presidencia de
la Junta de Providencia Literaria, con un papel esencial en la reforma de la enseñanza), a pesar de haber sido consagrado en
la Real Capilla de Ajuda el 28 de octubre de 1770, únicamente tres años despues entró por primera vez en Beja, regresando de nuevo a la corte, hasta que, en 1777, tras la muerte de D. José, el alejamiento del Marqués de Pombal y el inicio del adverso reinado de D.ª María I, el Obispo decide ausentarse de la corte y fijar su residencia en Beja.  

La diócesis de Beja dio a Cenáculo la visión de un vasto territorio y de una Iglesia abandonada, pero tan carente en el presente como rica en testimonios del pasado. Estas situaciones motivaron la energía del nuevo prelado. Sólo en el año de su llegada a Beja hizo publicar 12 edictos y determinaciones de reorganización de
la Diócesis y, poco después, a partir de sus investigaciones decidió comenzar una historia de la ciudad y del territorio basada en una vasta erudición literaria y linguística y en un análisis material de lápidas y objetos arqueológicos. Lo que le interesaba era, sobre todo, revelar los puntos más significativos de la cristianización del territorio que tenía a su guardia y remarcar en la historia de la región y del cristianismo el papel de los mártires y santos locales. Nace así el manuscrito de Sizenando Martyr e Beja sua Patria, acabado en 1800 e iniciado alrededor de 1783. 

 Esta obra muestra una inhabitual utilización de los elementos materiales como prueba histórica, correspondiendo a una de las más notables características del pensamiento cenaculano. La formación franciscana, sobre todo la influencia de Duns Escoto, y la matriz cartesiana de su pensamiento lo llevaron a una apetencia por la realidad como fenómeno integral y no exactamente separado de la dimensión religiosa y filosófica. Ese aspecto también lo llevó en otra obra del periodo bejense a buscar bases materiales y arqueológicas con el fin de justificar
la Aparición de Cristo en Ourique[1], tomando como fundamento el  presupuesto de que el error siempre nacía de “não ver-se a Ordem Fysica por todas as faces”[2]. En esa “ordem fysica”, las reliquias de los santos y los materiales arqueológicos tenían el mismo valor de testimonio: “Los restos de la humanidad son cenizas sagradas de gran respeto” (Cenáculo, 1946, vol. IV, p. 179). 

Cenáculo da ejemplos concretos de excavaciones directamente patrocinadas por él o realizadas por amigos y correspondientes que le proporcionaban los materiales y los informes para su estudio. Ese es el caso de las sepulturas descubiertas en
la Heredad do Raco, próxima de Cercal do Alentejo; de los cementerios de Sines; de
la Heredad do Roxo y de las excavaciones y hallazgos en Tróia, Beja y Almodóvar. Cenáculo detectó en
la Heredad do Raco, “em huma area muito estendida”, un “avultado numero de sepulturas, sendo especiaes as mais proximas a hum copioso nascedio de agoa corrente”. Y continúa diciendo: “fiz abrir mais de dez sepulturas: todas elas são de huma simplicidade notavel. Nos topos, e lados do vivo das sepulturas se acha forrada a terra de lages toscas, e as coberturas são de semilhantes lages, das quaes a maior que medi tem seis palmos de comprido, e tres de largo: as outras são pedaços mal juntos, nenhum orificio, nem huma letra. Raro osso aparece (…). Achei misturados na terra das sepulturas vasos de vidro quebrados, e inteiros, e podem ser Fiolas lacrimatorias, e mais se acharão ferramenta de serralharia, e ferraria quasi a desfazerem-se. Encontrarão-se pucaros tigelas, e bandejas tudo de barro, e algum muito fino, e delicado em seo lavor: são linhas curtas, e maiores e muitos circulos fechados e pequenos” (Cenáculo, 1946, Tomo VI, p. 229-230).  

Lo más interesante de la prospección de Cenáculo es que algunas de las excavaciones no fueron resultado de hallazgos fortuitos, como era habitual, sino de una investigación continuada.  

De las excavaciones que hizo en Tróia las memorias no son tan exhaustivas, pero identifica el sitio como Cetóbriga y escribe: “pelo espaço de legoa de terra que o mar banha  (…) acham-se ruínas de muita antiguidade sepultadas pela maior parte em pezados montões de areia, que alguma dificuldade me tem causado para que não tente escavações mais dispendiosas para as minhas possibilidades destinadas a causas de outra importância” (idem, p. 238). El interés del Obispo de Beja por Tróia no se limitó a las excavaciones, pues según una carta del 26 de Abril de 1779 dirigida a Cenáculo y escrita en Setúbal por Thome Evaristo Vidal, continuaba a recibir medallas y esperaba que le fuese enviada una ánfora de Tróia (BPE cod. CXXVII / 2-14, carta 128). 

El objeto privilegiado de sus prospecciones fue, sin embargo, la propia ciudad de Beja. Las viejas y arruinadas murallas proporcionaban un manantial de descubrimientos, lápidas y piedras “romanas, mouriscas e godas”. Cenáculo también se refiere a los capiteles del templo, de cinco palmos de diámetro, identificando algunos como compuestos, y menciona el descubrimiento de vidrios romanos y de otros objetos de su colección como el relieve de Hércules en Reposo. La joya de su colección ya era el gran fragmento de la estatua sedente femenina que identificó con Cibeles. En su diario hace referencia al descubrimiento de la estatua en 1783, en el contexto de otros hallazgos. “Descubri em hum sepulchro parallelogramas de 35 por 25 pl. Duas urnas sepulcraes de bom marmore: dentro cinzas, alguns ossos, serrados huns, outros despedaçados, vidros, anel de oiro, entre a terra, folheta de oiro muito delicado huma estatua natural; mas sem cabeça, nem braços, boa roupagem, pela attitude parece de deosa Mãi (nota: mas só da cabeça até aos peitos: falta o resto); hum braço, dois pés, duas mãos, huma dellas com craetera, tudo bello mármore e digno debuxo (…). En el manuscrito de Sesinando Mártir la analiza en profundidad, comparándola con piezas semejantes de Mérida[3] y de la colección Albani, y atribuyéndola a Eurípedes (sic.), con el deseo de que Machado de Castro u otro escultor de mérito pudiese completarla a partir de las enseñanzas de Winkelmann, de quien poseía sus principales escritos y a quien cita abundantemente (Cenáculo, 1946, vol. VI, p. 441). 

Además de sus propias investigaciones, Cenáculo contó con una red de contactos que le proporcionaba noticias sobre nuevos descubrimientos y dibujos, relatos y piezas encontradas en todo el país, pero sobre todo en el sur de Portugal. Recibía descripciones detalladas sobre excavaciones, como as do Castillo de
la Ribera de Anna Loira, efectuadas en 1798 por orden de João Vasco Manoel de Braun, gobernador de aquella Plaza; de las inscripciones de Idanha-a-Velha; de las aras descubiertas en
la Iglesia de Terena y del descubrimiento de Meróbriga en 1801, del cual, en 1808, recibiría una nueva y detallada descripción, ofrecida por el concejal y prior de Santiago do Cacém, Bonifácio Gomes de Carvalho (BPE cod. CXXIX /1-13).  

Fruto de ese interés alrededor de sus proyectos y de su actividad arqueológica, la colección del religioso fue enriquecida enormemente en los años bejenses, impresionando a viajeros como  James Murphy,  Perez Bayer o José Cornide y Saavedra.  

Con este conjunto Fray Manuel do Cenáculo intentó, en 1791, crear el Museo Sezinando Cenáculo Pacense, abierto al público en el edificio de la antigua ermita de S. Sezinando, entre el colegio jesuita de Beja que Cenáculo ocupaba como Pazo episcopal y
la Iglesia del Salvador, que servía de Sé de manera provisional. El punto fuerte de la colección continuaba siendo la numismática, con más de siete mil ejemplares, pero también habían 160 lápidas y fragmentos escultóricos, algunas centenas de pinturas y una cantidad indeterminada de especímenes de naturalia. Se conoce la oración que Fray José de São Lourenço do Valle hizo el 15 de marzo de 1791 en la inauguración solemne del Museo, acentuando varias veces su carácter público y su matriz esencial de base del conocimiento del mundo. La consciencia de la necesidad del Museo estaba bien presente en el espíritu del discurso y era reflejo de la propia posición de Cenáculo: “O estudo do Museo he hũa dispozição para qualquer homem ser completamente Sabio. Hũa raridade deve preparar o animo para outra raridade.  

La actividad científica, arqueológica y coleccionista de Cenáculo y la fama nacional e internacional que alcanzó, contribuyó intensamente en la renovación de la imagen del prelado, bastante afectada con la caída de Pombal, de quien había sido uno de los principales soportes en materia religiosa y de enseñanza. El “destierro” a Beja le proporcionó tiempo y herramientas para mostrar su sabiduría y su capacidad de organización a favor del bienestar de la diócesis. A partir de la década de 1790, amigos y correspondientes bien situados, como el Duque de Lafões o António Ribeiro dos Santos, volverían a sugerir su nombre a
la Reina D.ª María I y, posteriormente, a D. João VI. Una carta de Alexandre Ferreira de Faria Manoel fechada el 3 de abril de 1783 muestra de qué modo cuando quedó libré el arzobispado de Évora a la muerte de D. João Cosme da Cunha, hubieron movilizaciones por parte de los partidarios de Cenáculo para que ocupase el cargo de Arzobispo de Évora. La reina se opuso, partidaria de una persona “de outra qualidade”, sin olvidar el pasado “pombalino” del Obispo de Beja, e impuso a D. Joaquim Xavier Botelho de Lima (cf. BPE, cod. CXXVIII /1-10, fl. 106). Tras el fallecimiento de este arzobispo, el 10 de abril de 1800, Cenáculo volvió a pensar en la mitra de Évora, más rentable y prestigiosa que la diócesis bejense, y no ahorró esfuerzos para alcanzar ese objetivo. Tenía como argumento extra las donaciones de libros, monedas (2100 ejemplares) y objetos arqueológicos que había realizado para la creación de
la Biblioteca Real. La correspondencia enviada a Cenáculo por Joaquim José da Costa e Sá no deja dudas sobre el carácter diplomático de estos generosos ofrecimientos del Obispo de Évora (vd. BPE cod CXXVIII / 1-1, nºos 92, 93, 98, 99, 110, 112, 113 e 117), revelando una hábil presentación al príncipe regente de las virtudes de Cenáculo, hasta su elevación a la mitra evorense en marzo de 1802.Llegó a Évora en 1803 y, siguiendo una idea que venía del arzobispo anterior, se propuso la fundación de una Biblioteca Pública, escogiendo como ubicación el antiguo Colegio dos Meninos de Côro, anejo al Pazo Episcopal, remodelado a tal efecto por el arquitecto Joaquim de Oliveira.  La biblioteca fue abierta al público en 1805 y la intención de Cenáculo era incluir en ella sus preciosidades artísticas, naturales y arqueológicas, siguiendo el modelo de pensamiento que era asunto corriente en su correspondencia:“He certo que nada enriquece mais huma Bibliotheca, como unir-se-lhe huma copiosa collecção das curiosidade, de que V. Exª diz ter feito Thesouro. Por estas Antiguidades alcançarão os maiores Filologos aquellas luzes, com que ilustrarão todas as Sciencias” (BPE cod. CXXVIII 1-1, nº 43). De hecho, Cenáculo llevó a Évora, en 1803, parte de su colección artística y arqueológica. Pero, si la intención de Cenáculo era unir a la biblioteca un Museo, nunca lo consiguió. La primera invasión francesa dio lugar al saqueo de Évora en julio de 1808 y las colecciones de Cenáculo, que rechazó abandonar la ciudad, sufrieron con el pillaje, sobre todo, las piezas de historia natural y los ejemplares de oro y plata del monetario. Los inventarios realizados después de la muerte del Arzobispo muestran que sus bienes artísticos estaban dispersos entre el Pazo Episcopal y su residencia de campo, en Valverde, siendo pocas piezas las que se encontraban en la librería, donde sólo serían agregadas gracias a la intervención de los futuros bibliotecarios. En cualquier caso, por su papel de creador de museos y bibliotecas, por la nueva metodología que aplicó en sus investigaciones arqueológicas y por el valor histórico que supo extraer de las pruebas materiales, Cenáculo puede ser considerado, quizá no el “primer arqueólogo portugués”, como lo llamó António Carlos Silva, pero sí uno de los primeros en Portugal que tuvo una noción clara del valor pedagógico y científico de la creación de Museos. 


[1] Graças Concedidas Por Christo no Campo de Ourique, acontecidas em outros tempos, e repetidas no actual, conformes aos desenhos de suas Idades. Lisboa: Na Impressão Regia. Anno 1813

[2] Frei  Manuel do Cenáculo, Memórias Historicas e Appendix Segundo…, Tomo II, Lisboa, Real Oficina Typographica. Anno MDCCXCIV, p. 205

[3] Cenáculo hace referencia en sus escritos varias veces a Mérida, además de la comparación entre las estatuas. Por ejemplo menciona a su conterráneo Vilhena, encargado de copiar las magnificencias de la capital de Lusitania. También parece haber pretendido comprar en la ciudad algunas antigüedades, ya que una carta habla de unos caixotes que nunca recibió.

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2 Respostas to “Los restos de la Humanidad – Cenáculo y la Arqueología”

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